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Miércoles 12 de Junio de 2024

Tenemos una mujer presidenta

Sin signos de exclamación ni interrogación, en tono neutro. No me emociona la idea como pensaría que sucedería cuando soñaba con estar en un país gobernado por una mujer. Ojalá que en unos años aclamemos con júbilo que tenemos una compañera presidenta.

04 de Junio de 2024 - 19:58

Tenemos una mujer presidenta

Por Karina Caballero

Sin signos de exclamación ni interrogación, en tono neutro. No me emociona la idea como pensaría que sucedería cuando soñaba con estar en un país gobernado por una mujer. Aún así, un atisbo de aquella feminista principiante y poco crítica se asoma con la emoción de saber que, al menos, es mujer. Aunque sé bien que una mujer al mando no es garantía de un Estado sin violencia de género. En los últimos días he escuchado la canción Compañera Presidenta, de Vivir Quintana un sinfín de veces. Y en todas las repeticiones se empapa entre lágrimas el sentimiento de la esperanza perdida, de los sueños rotos por querer a una mujer al mando, pero no precisamente a esta mujer. Ojalá que me equivoque, que en unos años aclamemos con júbilo que tenemos una compañera presidenta.

Pero seguramente no, seguramente el país seguirá igual. Recuerdo cuando era pequeña y me aterraba la elección de Peña Nieto porque era el PRI volviendo al poder. Ese partido tan odiado y repudiado por mis padres iba a regresar al poder ¿y si me mataban siendo estudiante? ¿Y si la dictadura volvía y esta vez peor? Un profesor que recuerdo con todo el cariño, me dijo “tranquila, lo que pasa en México es que al final nunca pasa nada”. No lo entendía, claro que pasaba, cómo no iba a suceder nada. Ahora, con 12 años más estoy convencida de que al final nunca pasa nada. Porque no es la alternancia del color ni del partido, ni la cara de quien lo dirige. Es esta sociedad la que no cambia, la que repite los mismos patrones una y otra vez sin crítica ni remordimiento.

Las redes sociales están atiborradas de acusaciones clasistas y elitistas. No, decir que México tiene a gran parte de su población pobre no es clasismo. Pensar que esos son los “nacos” que votaron por Morena sí. No los veo hablando de los grandes empresarios beneficiados por los macroproyectos de la 4T. Ni de la gente con bajos recursos económicos que han depositado su esperanza en el PAN, quiénes les han defraudado una y otra vez. En un país tan diverso me parece ilógica la estigmatización de fifis y chairos. Porque la panista privilegiada puede ser ignorante y el pobre resentido podrá estar afiliado al partido de oposición. 

Y que los morenistas no se confundan, no ganaron. Solo la oposición perdió tras un sexenio entero en que estuvieron dormidos, desorganizados y más reactivos que activos. Mejor campaña de oposición hizo Loret De Mola en sus noticieros que cualquiera de las candidaturas a elección popular. Que, nota al margen, estoy segura que hubiera tenido muchos más votos que Xóchitl. La oposición tenía mucha chamba que hacer, pero se puso a hacer la tarea a las 10 de la noche, y eso casi nunca da buenos resultados.

México va a ser el de siempre. No, no vamos a ser Venezuela ni Argentina. Ni para bien, ni para mal, solo el de siempre, el que está lleno de fosas clandestinas, al que le escurre la sangre hasta sus mares, el que se hunde por el peso de la desigualdad y que no se cansa de ser polarizado, porque los del Norte no se juntan con los del Sur, y los de Derecha ni locos entrar al lodo con los de Izquierda, a menos de que haya algunas monedas en el fondo. La alternancia o la continuidad no significan nada cuando la sociedad sigue igual. Y nunca hemos querido cambiar, que cambien los de allá, los que toman decisiones, los que legislan, que esos cambien. ¿Yo por qué?

Estoy desesperanzada. No por quién o quiénes estén al mando, ese o esa, aunque no lo creamos, no dirige al país. Estoy triste porque no puedo tener esperanza en el cambio de un país donde la gente no tiene ganas de preguntar, reflexionar, repensar. Ojalá nuestra mexicanidad fuera esa que sale el 16 de septiembre compartiendo tequila y gritando la fiesta patria. Y ojalá no fuera esta mexicanidad que aflora en cada proceso electoral, llena de sesgos, de desinformación, de polarización. 

Fueron elecciones históricas. ¿lo suficiente para cambiar al país? ¿ lo suficiente para reconfigurarlo? No sé qué historia estamos creando, pero espero que esa Historia que implica un cambio de conciencia como la base para evolucionar. 


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