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Viernes 12 de Abril de 2024

Vivencias del 8M: entre carteles y consignas

Este año más que declarar directamente que fue la mejor marcha a la que he ido, afirmé una realidad palpable y profunda: nuestra unión va mucho más allá de los carteles y las consignas.

21 de Marzo de 2024 - 19:37

Vivencias del 8M: entre carteles y consignas

Por Michelle Morlotte

Cada 8 de marzo, despertamos un fervor colectivo en las calles, un clamor por la igualdad, la justicia y el reconocimiento de las luchas feministas. Y, sin embargo, este año sentí algo diferente. Después de cinco años de asistir a la marcha por el Día Internacional de la Mujer, se volvió costumbre escuchar las consignas y las voces proclamando justicia, pero este año más que declarar directamente que fue la mejor marcha a la que he ido, afirmé una realidad palpable y profunda: nuestra unión va mucho más allá de los carteles y las consignas. 

Este año, las calles de Reforma y el Zócalo se llenaron no solo de mujeres que tienen historias similares a las mías, sino también de infancias que marchaban tomadas de la mano de sus madres, mujeres de la tercera edad que avanzaban a paso firme y decidido, y disidencias que reivindicaban sus identidades. Esta diversidad no solo enriqueció mi visión sobre el movimiento feminista, sino que lo convirtió en un testimonio vivo de las luchas de millones de mujeres y disidencias a lo largo del tiempo. 

Más allá de la presencia multigeneracional e intercultural, lo que destacó para mi en esta marcha fue el poderoso mensaje de unidad y solidaridad entre todos los grupos presentes. Este año no planeaba asistir a la marcha, no me sentía con la fortaleza necesaria para enfrentar las multitudes y revivir historias que me suelen acompañar este día. Sin embargo, el entorno me impulsó a salir de esta zona de comfort y unirme a mis hermanas en las calles. Y que decisión más acertada fue. 

Esta marcha no solo permitió la unión de luchas, sino también la sanación de muchas luchas internas con las que he lidiado y me han debilitado. Desde el momento en que mis amigas y yo nos sumamos a la marcha, sentí que el simple hecho de estar ahí me daba fuerzas para sanar. Me di cuenta que por más sola que me sentía en mis luchas, no lo estaba.

La presencia de personas tan diversas, unidas por una causa en común pero con luchas internas tan diferentes, renovó mi fe en nuestro poder. Las niñas marchando con pancartas exigiendo un mejor futuro para sus generaciones; las mujeres de la tercera edad que con su sola presencia transmiten historias de luchas y resistencia; las madres buscadoras que siguen adelante a pesar del dolor y la incertidumbre; todas y cada una de ellas me recordaron la fuerza y la resiliencia que reside en nosotras. 

Al estar rodeada de mujeres tan valientes, sentí que podía liberarme de las cargas que me han estado frenando y abrazar mis luchas con confianza y orgullo. Fue un día de sanación y empoderamiento, en donde nos convertimos en un solo corazón latiente al ritmo de la justicia. 

La batalla no ha terminado y nos enfrentamos a desafíos en el camino, pero sé que juntas podemos superar cualquier obstáculo. Puedo decir con certeza que esta fue una experiencia que nunca olvidaré y que seguirá inspirándome en mi camino. Sigamos luchando, sigamos marchando, porque el futuro es nuestro. 

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